es una noche sin luna la luz no consigue rasgar su negrura -pegajosa enceguece los ojos- no se distingue nada ningún contorno a partir del cual orientarse no hay sombras ni penumbras no hay claros ni oscuros un agujero negro devora su destino la veo partir, obnubilada, a la deriva
descubro la desesperanza me topo con mis miedos acaricio mis lágrimas y es allí, entonces que el sentimiento más triste quieto como una montaña me deja oír el susurro de las hojas movidas por el viento el sonido secreto de mi alma cuando baila con el mar